La seguridad de los analgésicos está en entredicho, sobre todo la de los opioides, de los que se dispone menos información y los terceros más consumidos, tras los COX-2 y los AINE.
En el primero de los informes, Daniel H. Solomon y su equipo del Hospital Brigham & Woman en Boston, en Massachusetts (Estados Unidos), compararon el grado de seguridad de los AINE, los COX-2 y los opioides entre 12.840 pacientes que se beneficiaron de alguno de estos analgésicos entre 1999 y 2005. Con datos de una extensa lista de reclamaciones médicas, los científicos computaron la incidencia de problemas cardiovasculares, fallos renales agudos, efectos tóxicos del hígado, caídas y fracturas. Los consumidores de opioides sufrieron una tasa más alta de efectos adversos que los que tomaron COX-2 o AINE, los que menos problemas produjeron.
De cada 1.000 consumidores de opioides, 100 sufrieron fracturas, frente a los 19 de cada 1.000 consumidores de COX-2. Por otro lado, los COX-2 y los opioides estuvieron más vinculados al riesgo de fallo cardíaco que los AINE, y además, los segundos se relacionaron con un riesgo mayor de hospitalización o muerte que los AINE.
El riesgo de sufrir sangrado del tracto gastrointestinal fue menos entre aquellos que tomaron COX-2.
En un segundo estudio los científicos estudiaron a 6.275 consumidores de opioides entre 1996 y 2005 para dolores no malignos y compararon las tasas de efectos adversos entre 30 y 180 días después de haber tomado codeína, hidrocodona, oxicodona, propoxifeno o tramadol.
El riesgo de patologías gastrointestinales fue similar para todos los fármacos. Treinta días después, el nivel de riesgo permanecía estable, pero, tras 180 días, se incrementaba entre los consumidores de codeína.
El riesgo de sufrir una fractura, con la hidrocodona como referencia, fue mayor entre los que tomaron tramadol (79 por ciento), mientras que el riesgo de muerte fue cuatro veces mayor entre los que ingirieron oxicodona.
El estudio desmiente la creencia de que todos los opioides implican un riesgo similar.